Procastinación o la conducta de postergación

“Nada tan peligroso como dejar todo para el último momento… es la causa de todos los males humanos” John Lyly, Eupheus (1579)
¿Te suena ‘procrastinar? Los norteamericanos lo han puesto de moda pero es un término que viene del latin: dies crastinus que significa el dia de mañana. En realidad es lo que hacemos cuando posponemos algo: dejar de hacer lo que realmente tenemos que hacer. Constituye una de las principales causas de ineficiencia a todos los niveles, además de ser causa de un gran malestar, ya que esta conducta genera un círculo vicioso entre ansiedad y culpa, que genera más ansiedad.
Cortesía de Freepik
Aunque aparentemente no hay motivo para ello, la realidad es que tendemos a postergar aquello que vemos como una obligación y que nos da miedo. De hecho se trata de distintas formas de miedo inconsciente: a no saber por dónde empezar, a no saber hacerlo, a no hacerlo bien… Si nuestra automotivación no es suficientemente fuerte no nos vemos capaces de vencer ese miedo, que por otra parte es normal.
Todos los seres humanos tenemos miedo, no podemos evitar que exista. Comenzar algo nuevo no es fácil, supone salir de nuestra famosa ‘zona de confort’ y la mente es controladora y miedosa, y siempre va a poner trabas a los cambios. Parafraseando la famosa expresión latina podríamos decir que  “procrastinare humanum est”.
Todos hemos retrasado actuaciones alguna vez, pero la procrastinación es una acción que se suele asociar más a los estudiantes. Diversos estudios concluyen que el 90% lo hacen en mayor o menor manera, y el 25% lo hacen de manera crónica. Este hábito es especialmente nocivo ya que está fuertemente asociado con un bajo rendimiento académico.
Afecta a las tres fases de la ejecución de la acción:
  • No consigo ponerme a estudiar… me queda tiempo (problemas con el inicio de la conducta)
  • Me pongo pero no me centro (ejecución) problemas con el mantenimiento de la conducta (persistencia)
  • No me convence, no está bien, no lo voy a entregar todavía… (problemas con la finalización)
Estrategias de afrontamiento para acabar con la procrastinación
¿Cómo podemos acabar con este hábito tan pernicioso?
El primer paso consiste en identificarlo, pues saber qué es lo que estamos haciendo es fundamental para poder modificarlo. Una vez identificado, es necesario recapacitar sobre nuestros motivos, sobre lo que nos estimula y sobre lo que nos frena.
  • Pensar “¿por qué?”: ¿Por qué quieres hacerlo? ¿Qué es lo que te mueve?
  • Pensar en tus miedos: ¿Qué te está impidiendo hacerlo? ¿Qué te frena?
  • Pensar en cómo comenzar: ¿Cuál es el primer paso que tendrías que dar para iniciar la tarea?
Una vez aclarados tus motivos hay que poner manos a la obra:
Planifica metas pequeñas. Voy a darme la oportunidad de probar que soy capaz de hacer algo distinto alguna vez. Voy a ponerme 15 minutos y luego decido si quiero tener otros 15 minutos más (Este sencillo acto supone afrontar la tarea, afrontar la ejecución y mantener una actitud positiva ante el cambio)
No te engañes. ¿Cuáles son mis propias creencias mentirosas acerca de la situación?  (procrastinar no es tan malo, no pasa nada, me queda tiempo…). Pensar algo no significa que sea real, no hay que creerse todo lo que uno se dice.
Cuando te pongas a ello corta cualquier distracción. El correo que acaba de entrar, o el último comentario de Twitter seguirán estando ahí cuando termine (elimina todo lo que no es tu tarea de la cabeza, otros proyectos, lo que tienes que hacer cuando termines, si esperas una llamada, la cita de esta noche… Sólo cuenta lo que vas a hacer ahora.
Mantente activo y revisa lo que vas consiguiendo. Revisar cómo me planifico, cómo organizo mi tiempo y organizo mis prioridades y cómo voy verificando que lo estoy haciendo. Se trata de ejecutar y controlar dicha ejecución en un proceso dinámico de autorregulación que implica la puesta en marcha de una serie de  habilidades personales y competencias que son absolutamente necesarias para conseguir llegar con éxito a nuestra meta.
Y otra cita para terminar, “La motivación nos impulsa a comenzar y el hábito nos permite continuar” – Jim Ryum.
Créditos imagen: Marina Stroganova, CC
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