Conflictos bélicos y ayuda humanitaria (Europa, 1853-1951)

La exposición con la que este año la Biblioteca de la UNED se une a la Semana de la Ciencia quiere mostrar una visión del origen y la creciente importancia de la ayuda humanitaria a partir del siglo XIX y como consecuencia de los diferentes conflictos bélicos que tuvieron lugar desde entonces.

En un primer momento, la ayuda humanitaria se concretó como una ayuda de socorro o de emergencia proporcionada a víctimas de con­flictos bélicos, catástrofes naturales, persecuciones políticas…

Más adelante, se trató no sólo de garantizar la supervivencia y subsistencia inmediatas, sino que también había que contribuir a la rehabilitación de esas personas en situación de desamparo y garantizar su inserción y desarrollo posteriores en el seno de la sociedad.

Una primera etapa se inicia con la Guerra de Crimea hasta el final de la Primera Guerra Mundial (1853-1919) cuando se puso de relieve la necesidad de asistir a los soldados heridos, víctimas de conflictos bélicos.

Una segunda fase se extiende hasta la promulgación de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados en 1951. Se puede hablar de una nueva fase en los años sesenta enmarcada en el contexto de la descolonización. Además, durante la I Guerra Mundial,  junto a las operaciones de repatriación de los prisioneros, surgió la imperiosa necesidad de ayudar a las víctimas civiles, de luchar contra el hambre y las epidemias, y de intervenir en otros confl­ictos bélicos.

En esta muestra, podremos ver su evolución, la creación de distintos organismos o encuentros para su gestión ―por ejemplo, el Comité Internacional de la Cruz Roja o la Conferencia de Evián―, con textos, bibliografía y objetos que lo ilustran. Del 8 al 29 de noviembre en la Biblioteca Central de la UNED.

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Centenario de la Revolución Rusa

rusa

Este año se conmemora el centenario de la Revolución rusa. Estos acontecimientos marcaron la historia de buena parte del siglo XX, traspasaron  fronteras e influyeron, de una manera o de otra, en buena parte del planeta: además de expandir su área de influencia a los países limítrofes, también llegó a países como Cuba, China o Vietnam.

La situación de la población rusa a principios de siglo, debido a las sucesivas derrotas en la I Guerra Mundial, a la escasez de alimentos y a la propia estructura social ―mayoritariamente formada por campesinos y con una clase media inexistente―, crearon un caldo de cultivo perfecto para la agitación revolucionaria.

En febrero de 1917, después de tres años de guerra mundial y una gran crisis económica, el zar abdica y el parlamento, denominado Duma, asume el poder. Surgen dos grupos contrapuestos: un Gobierno provisional liberal burgués y los Soviets, formados por obreros y soldados. En octubre de ese año, Lenin y Trosky dan orden a la Guardia roja de asaltar el poder. Destituyen el gobierno provisional y emprenden dos actuaciones inmediatas: decreto de paz (retirada de Rusia de la I Guerra Mundial) y decreto de la tierra (reparto de la tierra de los terratenientes entre los campesinos que son quienes la trabajan). A partir de este momento los hechos que se sucedieron desembocaron en la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1922.

Aunque los dos momentos principales de este periodo son la Revolución de Febrero y la Revolución de Octubre, estos tuvieron lugar en marzo y noviembre: en aquellos momentos, Rusia aún se regía por el calendario juliano.

En definitiva, aunque lo que llamamos Revolución rusa tuvo lugar en 1917, importantes acontecimientos posteriores, como la formación de la URSS, están directamente relacionados con ella. Un ejemplo claro de su influencia es la política en Europa, tanto en el periodo de entreguerras ― véase el caso de España en los años 30―, como después durante la Guerra fría.

La Biblioteca ha querido dedicar una pequeña muestra de su fondo a la bibliografía y filmografía que este interesante tema ha suscitado a lo largo de estos cien años. Estará en la sala hipóstila del 25 de octubre hasta el 4 de noviembre.

Crucero Universitario Transatlántico de 1934: una universidad flotante

Nuestra próxima exposición está dedicada al Crucero Universitario Transatlántico de 1934. Este crucero fue organizado en la Universidad de Barcelona (entonces Universidad Autónoma) y su objetivo principal era ofrecer a los estudiantes la oportunidad de aprender sobre el terreno cuestiones que se habían visto en las aulas. Se inscribía dentro de las políticas culturales y educativas de la II República, influida por la Institución Libre de Enseñanza: el estudio no era solo  acumulación de conocimientos, sino también  descubrimiento e intercambio.

Un año antes la Universidad Central de Madrid (hoy Complutense) había organizado otro crucero por el Mediterráneo, con destinos como Grecia y Egipto. Sin embargo, el crucero del 34 ofrecía dos novedades: el destino en esta ocasión era América (visitaron lugares como Cuba, Curaçao, Venezuela o Nueva York) y suponía un intercambio de conocimientos entre el mundo científico y el humanístico, dado que había profesores y estudiantes de ambos campos.

La idea partió de los profesores de Filosofía y Letras, Guillermo Díaz-Plaja y Jaume Vicens Vives; y el crucero estuvo dirigido por  Ángel Ferrer y Cagigal (Decano de la Facultad de Medicina). Así, el barco “Marqués de Comillas” funcionó durante 50 días «como una verdadera universidad flotante». De alguna manera, podríamos decir que estos cruceros son los herederos del Grand Tour en siglo XX y los precursores de las becas Erasmus actuales.

En ella podemos ver cartas, fotos, programas de conferencias, menús… Esta exposición está organizada por la Universidad de Barcelona y  ha visitado ya varias universidades. Ahora tenemos la oportunidad de disfrutarla en la Sala hipóstila de la Biblioteca Central de la UNED, del 3 al 20 de octubre.